www.albertomadieu.es

Gijón a 16 de Diciembre de 2012
(9ª entrega)

De vuelta al banco. Un par de tablas van a hacer la función de cama para mí esta noche. No sé si es lo más adecuado o no, tampoco sé si la dignidad de una persona, el orgullo o la vanidad de alguien se puede ver degradada por semejante circunstancia. Pero qué pasa, que ¿no hay millones de personas que duermen en la calle, portales, o en medio de la selva?. Aquí, que yo sepa, por lo menos no hay leones. Pienso que hay mucha gente en la misma circunstancia que yo a lo largo y ancho de todo el planeta, e incluso muchos más que duermen entre sábanas de seda, y que no son felices. Gente con todo lo que los pequeños desearíamos tener, sin pensar que no seríamos felices sólo con tenerlas, si no vienen acompañadas de esas pequeñas cosas que son las que realmente aderezan el guiso de la vida. Piensa que si a los mejores ingredientes no les añades el punto de sal adecuado, puede ser que la cazuela tenga que terminar en comida para los perros. A la vida le pasa lo mismo, si a lo material no le acompaña la cabeza, el respeto, la honestidad, la honradez moral (me suena), y el amor a los demás, y reina un egoísmo enfermizo, será una vida como la de una mosca. Yendo de aquí para allá sin más, con todo lo material, pero con la cabeza más vacía aun que sus corazones.

 

Por lo menos me queda ese consuelo, sigo vivo, y tengo la oportunidad de rehacerme y repartir y compartir con mi gente, aunque primero tengo que pensar quien es mi gente, pero creo que no es el momento de filosofar con el cuerpo y la cabeza en este estado. Voy a dormir y mañana aclaro mi cabeza. Todo permanece oscuro, frío, y con el sonido de la noche. Las pisadas entre las hojas del sendero van acompañando mi dubitativo caminar por el parque. Creo que era por aquí. No, era por el otro camino. O quizás por el otro. Mierda, era lo que me faltaba. En medio de la nada, a oscuras, y agotado del día. Por aquí será. Avanzo diez, veinte, treinta metros, y…….. ¿qué hace aquí un estanque? Nooooo, era lo que me faltaba, darle de comer a los patos. Que desesperación. Me invade una sensación de angustia que se suma al resto de sentimientos malos que ya estaban acabando con las pocas neuronas que seguían despiertas.- ¡ Hola!- Ahhhh- Qué susto. – Coño, avisaaaa- Perdona- se disculpó la chica de antes que le había vuelto a alcanzar durante su ejercicio nocturno. – Casi me matas del susto- le dije. – Disculpa es que como te vi ahí hablando con los patos a medianoche, pensé que podría ayudarte yo más que esos bichos.- me espetó. – Perdona pero yo no acostumbro a  hablar ni con los patos ni con nadie que me pueda aportar nada. Estaba maldiciendo la suerte en este día, y que hace que no sea capaz de encontrar la salida de este lugar.- le expliqué. – No quería molestarte, pero puedo ayudarte a salir de aquí. Todos los días vengo por la noche a correr y conozco bastante bien este parque.-  dijo disculpándose. – No te preocupes, tu no tienes la culpa de lo que me haya podido pasar, pero de verdad que te agradecería que me ayudaras a encontrar el banco en el que me viste antes. Necesito descansar. – Le dije mientras ellas me contemplaba con la misma cara de susto que antes. – Ven, es por aquí. Dices que vas a descansar, pero ¿no sería mejor otro lugar a resguardo? No sé, un albergue o algo.- comentó. – No necesito sermones, quiero ir al maldito banco. No he tenido un buen día y no soy un niño pequeño al que le tengan que decir lo que tiene que hacer. Agradezco que me ayudes, pero por favor, no necesito ideas geniales, para eso ya están nuestros maravillosos políticos, que se ocupan de nuestro bienestar- le sermoneé. – Vale, vale, perdona, quería ayudarte, no sermonearte.- me comentó mientras a lo lejos ya se iba intuyendo la hilera de farolas cercana al mencionado banco. Y de verdad que era una muchacha atenta, valiente y bonita, pero no estoy yo para Angelina Jolies esta noche; más estoy para Teresas de Calcuta que me ofrecieran un lecho y un café caliente.

 

Llegamos al punto final del acompañamiento, paso mis dedos por el banco y ya está cubierto del húmedo rocío que cada vez era más intenso. Ella observa la escena con cara de preocupación. – Gracias- Le dije para que se fuera. - ¿Cómo que gracias? ¿No te irás a echar en ese charco de banco? – me dijo espantada. – Perdona, señorita mami protectora, ni siquiera sabes mi nombre y ¿osas a darme órdenes?- le reproché. – No son órdenes, señorito sabelotodo, como si quieres echarte en la hierba – dijo molesta. – Mejor aun, como si te acurrucas con el puto pato de antes- continuó diciendo más que ofendida. Se giró apretando los labios con cara de querer patearme el culo y se alejó rezando en hebreo. – No era un pato, era una ocaaaa- le grite – Como la del parchisssss. – Puntualicé. En ese momento, se detuvo, agachó la cabeza, lentamente se giró. Alzó la mirada hacia mi, y comenzó el regreso hacia donde yo estaba con paso lento y arrogante, se paró delante de mi con los brazos en jarras, y me suelta: - En el parchís no hay ocas, gilipollas.- mientras se le escapaba la risa. -

 

 

Escribir un nuevo comentario: (Haz clic aquí)

123miweb.es
Caracteres restantes: 160
Aceptar Enviando...
Ver todos los comentarios

Comentarios

22.12 | 04:47

esta pagina no tiene nada para divertirte jajajaja

...
04.12 | 01:28

¡Adelante campeón! Veo que vas tomando velocidad. En nada tienes tu columna diaria en El Comercio

...
17.10 | 20:41

¿Por qué no te presentaste al premio Nadal? ¿Quién es ese Lorenzo Silva?

...
27.02 | 10:23

Animo Alberto! una nueva etapa empieza! a ver si vemos pronto la cara de ese libro!:)

...