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Gijón a 9 de Octubre de 2011 
(3ª entrega)

Ahhhh......vaya costalazo que me he dado en el aterrizaje forzoso. He caído de rodillas golpeando con las palmas de las manos en el suelo y ahora una de ellas sangra por la herida sucia que me he hecho en la caída. Siento que mi cuerpo está quebrado, me siento muy dolorido y no sé si me voy a poder poner de pie. Permanezco de rodillas con miedo a no poder erguirme, me duelen hasta las pestañas. Siento un fuerte pinchazo en la zona lumbar, como si se tratase de un pinzamiento, y la cabeza parece que me quiera estallar. Trato de oxigenar mi resentido cuerpo con bocanadas de aire pequeñas pero muy seguidas como si se tratase de un jadeo incesante. Cierro los ojos, pienso, sigo con la respiración entrecortada, intento rehacerme de una caída que pudo haberme costado el físico, y aparentemente no parece que tenga lesiones de consideración.  Abro los ojos mirando al suelo e intento erguirme sobre las rodillas como si estuviera rezando. Observo otra vez las dañadas manos y las piedrecitas y cristales incrustados en la epidermis cuyas aristas han profundizado en algún vaso sanguíneo, y hace que el rojo escarlata se mezcle con el oscuro color que el intenso humo le ha dado a mi piel. Pero eso no me duele. Los cortes no me duelen, me duele toda la espalda y me sobrecoge la sospecha de que la pueda tener gravemente dañada. Sigo arrodillado sentado sobre los talones y con las manos sobre los muslos esperando a que otro arranque de coraje consiga ponerme de pie y caminar hacia otro lugar.

 

Algo después veo que poco a poco mi cuerpo se va reconfortando e intento ponerme en vertical apoyando primero un pie en el firme, y haciendo fuerza con las dos manos en la misma rodilla, y empujo para conseguir levantarme. Lo consigo no sin antes sentir que todo lo que puedo ver empieza a dar vueltas como un carrusel. Cierro los ojos para no marearme y volver a besar el suelo. Respiro hondo. Una, dos,….diez veces, y vuelvo a abrir lentamente primero un ojo y luego el otro. Creo que se ha parado el carrusel. Probablemente el golpe ha podido dañar mis cervicales y haya sido eso lo que ha podido causarme el mareo. Ya de pie, sin mareo y sin humo intento levantar la mirada hacia la ventana que me ofreció la salida a aquel infierno de humo y llamas. Siguen saliendo llamaradas y mucho humo por ella, pero a mi ya no me van a devorar. Adiós, pasado. Y me giro dándole la espalda, y lentamente camino hacia otro lugar para ponerme a salvo y donde poder curar mis heridas y comenzar una nueva historia, y de ese edificio en llamas….pues que si alguien quiere pues que llame a los bomberos,  que por lo que a mi respecta, como si se viene abajo, que a mi ya no me va a pillar.

 

 

 

Gijón a 05 de Noviembre de 2011 
(4ª entrega)

Lentamente y todavía dolorido me voy alejando con paso tembloroso del infortunado edificio. Me voy distanciando a lo largo de la empinada calle hacia ningún lado. Aun no me lo puedo creer. Lo he visto muy cerca, demasiado cerca podríamos decir. El final se ha aproximado a mi con unas más que dudosas intenciones, y he escapado de el. Me encuentro agotado, la respiración continúa siendo entrecortada y las palmas de las manos siguen esperando ayuda para coser esos profundos cortes. También me pican los ojos por el humo, es una sensación muy molesta más que dolorosa, como cuando se te mete una pestaña y está dando por el saco hasta que por fin conseguimos sacarla. Así y todo me voy alejando, arrastrando los pies, mientras a lo lejos se van esbozando en el ambiente las primeras sirenas de lo que debían ser los camiones de bomberos. Me cruzo con gente que mira sin disimulo mi aspecto, y que me dicen palabras que mi cerebro prefiere no traducirme. Oigo pero no escucho esas palabras que podrían ser de ofrecimiento de ayuda, o quizá simplemente el poner sonido a un pensamiento de sorpresa. No lo sé. Lo que si sé es que llevo la cabeza como un bombo. Me duele, me pesa, me estalla, me puede. Es como una mala resaca. Continúo viendo a gente que corre y que se cruza conmigo y me mira mientras siguen corriendo hacia el edificio para curiosear, y que ya se encuentra envuelto por una manta de humo de color negro sobrecogedor.

Mientras tanto mi cabeza no para de darle vueltas a lo sucedido. No para de darle vueltas a qué pudo haber pasado, ¿cual sería el origen del fuego que al fin y al apostre se lo ha cargado todo?; ¿Cómo pudo suceder?; ¿Qué falló? , pero si hay algo que más ronda y con más fuerza se tira contra las paredes del agotado cerebro es, ¿por qué me ha intentado meter en ese laberinto sin salida?. Era de todo tipo incomprensible. No acierto a pensar con tanto aturdimiento. Ni veo, ni oigo, ni puedo pensar limpiamente. Necesito algo que no sé que es para reiniciarme como un ordenador. Curarme, ducharme, y descansar, pero, ¿A dónde puedo ir?, si es que no me queda nada. Por tener no tengo ni dinero. Simplemente los diez euros que me quedaban en el recoveco de un bolsillo del pantalón. Vaya situación. ¿Por donde empiezo?. De momento sigo con mi lento caminar hacia ninguna parte a ver si la vida me vuelve a meter por el adecuado camino de los mortales. Y yo, de momento, me voy adentrando en este parque que seguro que tiene un banco para apoyar en el mis descolocados huesos y mi turbada cabeza, que el banco no me va a mirar, ni me va a preguntar, ni me va a juzgar. Y lo que es más importante, ese banco, no me va a traicionar.

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Comentarios

22.12 | 04:47

esta pagina no tiene nada para divertirte jajajaja

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04.12 | 01:28

¡Adelante campeón! Veo que vas tomando velocidad. En nada tienes tu columna diaria en El Comercio

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17.10 | 20:41

¿Por qué no te presentaste al premio Nadal? ¿Quién es ese Lorenzo Silva?

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27.02 | 10:23

Animo Alberto! una nueva etapa empieza! a ver si vemos pronto la cara de ese libro!:)

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